LA VIDA DESPUES DE LA VIDA
4 05 2008
Ante la vida, la muerte, tantas veces incomprendida y rechazada, siempre espera como un novio a la vanidad de la vida engalanada.
La muerte prefiere callar, mientras la vida la evita, la ofende y la llama condenada.
La muerte vive en la región del silencio, pues la muerte calla para que nosotros digamos la última palabra. La muerte oculta su rostro, para que nosotros seamos los únicos protagonistas.
La muerte se humilla para que nuestro nombre sea exaltado, aún la muerte se deja despreciar para que nosotros llevemos toda la dignidad y el respeto, y hasta el último reconocimiento.
Y la muerte nos mira y nos ofrece todo, a veces risas, a veces llantos que acompañan al que muere y la muerte sólo mira y espera oportuna; sin ningún apuro. Por que la vida le entrega su preciado tesoro, que la vida misma no quiere más. ¿Por que condenar a este ángel tan cruelmente incomprendido?
Aquel que prueba la muerte, deja atrás el todo y la nada, la bulla, el silencio, los amores y los desamores, los grandes logros y las terribles pérdidas. Aquel que muere ingresa desnudo, tal como si volviese a vivir y nacer , desnudez de razones, de sueños, ideales. Aquel que muere renace a la libertad total y plena, donde ya nada se siente, ni se es consciente.
El morir resalta el ser y trasciende el no ser, porque en la vida todo es pasajero y de la vida todo es permanente. El hombre normal o común que hacía tránsito de la vida cotidiana, ahora es pasajero de la eternidad.
Para aquel que vive más allá, las fronteras han terminado, los colores se han unificado, y el saber y el amor, son ahora cristalinos diáfanos, sencillos y puros, como el agua pura de un manantial.
El que muere ya no sueña, ya no duerme para siempre ya está despierto para siempre en su camino.
Y sin embargo , ya no viaja a ningún lugar, mora ya en la eternidad, ni retrocede ni avanza, ni idea, ni conceptúa, tan sólo es lo que queda, después de todo su rostro es original, es el principio del ser. Y su morada final es también el principio de sí mismo, saber que no oculta, saber , que no calla, esta frente a sí mismo, está en la región innombrable.
La vida después de la muerte no tiene ni parangón ni parecidos. La vida después de la muerte es más que un lugar de premios y castigos, es el refugio incondicional de la sabiduría. Todo llega en un día, en que la luz se hace oscuridad, y la oscuridad pare la luz (pare, de la palabra parir).
La vida más allá de la vida es un cristal que se ha roto y ya no se puede pegar. Ya no hay ilusiones, hay desesperanzas, es la consecuencia sin raíces, es el aroma sin flor, es la luz sin el sol, es el campo en semillas, es la mirada sin visión, es la nieve que se derrite, es la caída de la tarde, es el corazón que no late, es el suspiro que nunca llegará, es el abrazo que no se dará, es la justicia eterna, es el reloj del tiempo que ha parado, el mar ya no se mueve, y las playas se secaron, enseñó la muerte las profundidades, enseñó la muerte los logros y las grandes pérdidas de la vida.
Aquel que muere ya no escucha, ya no ve, ya no siente, ya ni se alegra, ya ni se duele.
Aquel que muere lleva la antorcha de la paz que sin embargo, por no poder iluminar nos dice, que ha dado todo.
Y la experiencia de la vida más allá de la muerte, es el misterio insondable cuya respuesta no está en los libros, ni en las cámaras ocultas, ni en los cofres de los más grandes tesoros, ni en los templos, ni en las calles.
Sin embargo, aquel que muere está aquí, allá, y más allá, en todo lugar y en ninguna parte.
El hombre al morir deja tras sí, la preciada vestidura, la imagen material que le enseña a sentir el corazón, en el que guarda tantas cosas y que también tantas brotaron de él, una mente orgánica ,una mente en ocasiones visceral, química que le mintió a la realidad.
Por que la vida teme a perder la vida, más después de todo y después de nada, el hombre es su propio reflejo .Algunos que mueren habitan en su espejismo, pues no son realidades.
Son los recuerdos de todas sus acciones dadas y si el mal fue su costumbre ello revivirán sus propios delitos. Porque en la dimensión de la muerte, nada hay vivo, para vivir solo permanece lo que estuvo y solo queda en la persona lo que está. Es decir, el peso de las obras en sus manos y la misión de su corazón, cae en él como una tumba fría en la cual si literalmente hay abandono, dolor y terribles remordimientos.
Más sin embargo y todo lo contrario para aquel que dio de sí mismo e hizo de su corazón y de sus manos grandes y vastos horizontes de obras y acciones buenas, revivirán mil veces, exaltadas bendiciones de paz y felicidad.
Finalmente es como un grano descarnado, una pasiva sonrisa para aquel que sonrió a la vida, y una oquedad que no se entiende, de unos ojos que no miran, que no están para aquel que no supo amar.
La muerte da paso a una vida que continua, un tanto por supuesto diferente, se vive de lo que sembró del corazón, y si no se siembra nada la muerte es el final, ya nada se puede tomar, ya nada se puede dar, es un río seco, es una noche oscura aquí la luz no tiene gloria, por que no hay el fulgurante resplandor.
La vida más allá de la muerte, la vida más allá de la vida es la misma vida que el marinero llevó en la mar, pero no hay ni mar ni arena, toda frontera desapareció, se mueve en su barco por la hondura de la obra de sus manos y su capitán es si fuese su verdadera intención. Y volverá a navegar sólo aquel que de la vida aprendió su esencia fundamental, aquello que la muerte no se puede llevar por que su espíritu es inmortal y la muerte no la toca y la vida se inclina ante él, el amor espiritual.
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Mystic Healing Art

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